
¿Dónde se ocultó anoche la luna?
Miré en todas direcciones y no la hallé.
Despejado lucía el firmamento,
pues, aunque pocas,
alguna diminuta y pálida estrella
sí contemplé.
Pero la luna no brillaba
en el cielo que anoche me cubría.
¿O es qué mi alma de tan triste
se volvió ciega a cualquier signo de belleza?
A veces,
desde mi ventana,
ya emprendida la alborada,
la vislumbro,
muy alta, blanca,
color de limpio humo.
Pero a pesar de que el cielo
presenta un profundo tono azul,
tampoco esta mañana
la ven mis ojos...
¿Será que el sueño no ha atemperado
en algo la dolencia de mi espíritu,
que aunque, tenaz, sigue palpitando,
está sumido en tal melancolía,
que le impide apreciar
cualquier signo de belleza?...
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